Que profundo es todo
Según el suplemento Culturas de La Vanguardia del pasado miércoles (las negritas son mías):
“El mito zombi
La metáfora de los muertos vivientes resurge como expresión de la angustia existencial de los más jóvenes.”
Metáfora. Angustia existencial. Venga yaaaa. Vale que el suplemento se llama Culturas, pero sin exagerar. Los adolescentes que llenan las salas para ver 28 semanas después no piensan en metáforas ni tienen angustia existencial. Y aún suponiendo que todos fueran unos adolescentes intelectuales que escriben libros sobre futuros distópicos después de clase y realmente tuvieran angustia existencial, si van al cine a ver una peli de sangre, vísceras y cerebros desparramados es precisamente para no pensar en ello. Que los críticos gafapastosos o los directores de cine quieran ensalzar sus egos en una nube cual Son Goku es una cosa, y otra muy distinta es que el público lo vea de la misma forma. El público que va a ver una peli de zombies es para pasarlo bien un rato y no pensar en cuestiones existencialistas. Punto pelota.









