Cuando Telltale resucitó Sam & Max, juré que no jugaría hasta que no lo sacaran para Mac. Que nunca me instalaría Windows, ni para jugar a una aventura gráfica. Que ya tenía suficiente con ScummVM.
La verdad es que aún a día de hoy no creo que tengan excusa. No son sólo las grandes compañías como Electronic Arts o Blizzard las que sacan juegos para Mac. Cada día más las compañías independientes sacan juegos multiplataforma, para Windows, Mac y Linux (como hace Hothead). Como debe ser, leñe. Así que no creo que sea cuestión de recursos. Me da igual que hagan una conversión cutre salsichera, yo quiero poder jugar sin tener que hacer trapicheos con máquinas virtuales que no funcionan y que no me detectan eso y aquello y que si DRMs y hostias.
Pero hoy sale Tales of Monkey Island, la quinta entrega de la que es indiscutiblemente mi saga de videojuegos favorita (obviemos La fuga de Monkey Island, por favor). Ahora mismo estoy escribiendo esto des de mi iBook mientras instalo Windows en el iMac, después de probar Parallels (que no arranca ninguno de los juegos de Telltale), VM Ware (que no permite acceleración 3D con las tarjetas gráficas ATI desde la última actualización de Leopard) y Crossover (que da problemas con los DRM).
Así que después de criticar despiadadamente a la gente que osaba mancillar sus Macs para instalar Windows, yo hago exactamente lo mismo, y expongo mi vergüenza públicamente. Borradme de vuestros lectores de feeds, no os merezco. Pero si hay algo que amo más que a Apple en este mundo, es a Guybrush Threepwood.
